Hepatitis B y C: Transmisión, Pruebas y Avances en el Tratamiento

La hepatitis B y la hepatitis C son dos infecciones virales que afectan al hígado, pero tienen diferencias fundamentales en cómo se transmiten, cómo se detectan y cómo se tratan. Aunque ambos virus pueden causar daño hepático grave, incluyendo cirrosis y cáncer de hígado, uno es prevenible con vacuna y el otro es curable con medicamentos modernos. Lo que muchos no saben es que, en 2026, aún hay millones de personas infectadas sin saberlo, y millones más que podrían haberse protegido si hubieran recibido la vacuna o una simple prueba de sangre.

¿Cómo se transmiten la hepatitis B y C?

La hepatitis B es extremadamente contagiosa. Se transmite por sangre, semen y otros fluidos corporales. La forma más común de contagio en países con alta prevalencia es de madre a hijo durante el parto. Hasta el 90% de los bebés nacidos de madres infectadas sin tratamiento desarrollan infección crónica. También se puede contagiar por relaciones sexuales sin protección, especialmente si una de las personas tiene una infección activa. El riesgo es de entre el 30% y el 60% en parejas no vacunadas. Compartir jeringas, agujas o objetos personales como cuchillas o cepillos de dientes también puede transmitir el virus. Lo importante: no se transmite por abrazar, toser, compartir comida, usar el mismo baño o tocar manijas.

La hepatitis C, en cambio, se transmite casi exclusivamente por contacto con sangre infectada. La principal vía hoy en día es el uso de drogas inyectables. Desde 2010, los casos agudos han aumentado más del 250% en EE.UU., y el 70% de los nuevos casos ocurren en personas entre 20 y 39 años, muchas de ellas afectadas por la crisis de opioides. También puede transmitirse por transfusiones de sangre no controladas, trasplantes de órganos infectados o en centros de diálisis con malas prácticas. El riesgo de transmisión de madre a hijo es menor, alrededor del 5-6%, pero sigue siendo significativo. A diferencia de la hepatitis B, no hay vacuna, por lo que la prevención depende de evitar el contacto con sangre contaminada.

¿Quiénes deben hacerse la prueba?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los CDC recomiendan que todos los adultos se hagan una prueba de hepatitis B y C al menos una vez en la vida. Pero algunos grupos tienen un riesgo mucho mayor y deben ser priorizados.

  • Personas nacidas entre 1945 y 1965 (generación del baby boom), que tienen hasta cinco veces más probabilidades de tener hepatitis C sin saberlo.
  • Personas que han usado drogas inyectables, incluso una sola vez en el pasado.
  • Personas con VIH, ya que entre el 70% y el 90% de quienes inyectan drogas y tienen VIH también tienen hepatitis C.
  • Personas que han recibido transfusiones de sangre o trasplantes de órganos antes de 1992 (antes de que se hicieran pruebas de detección rutinarias).
  • Profesionales de la salud que han tenido pinchazos con agujas contaminadas.
  • Mujeres embarazadas: se recomienda prueba en cada embarazo.
  • Personas con antecedentes de encarcelamiento o que viven en centros para personas con discapacidad intelectual.
  • Hijos de madres con hepatitis B: deben recibir la vacuna y la inmunoglobulina dentro de las 12 horas del nacimiento.

En muchos países, las pruebas ahora son rápidas y accesibles. Las pruebas de punto de atención, como el test OraQuick, dan resultados en 20 minutos. Para la hepatitis B, se busca el antígeno de superficie (HBsAg). Si está presente, hay infección activa. Para la hepatitis C, primero se busca anticuerpos (anti-HCV), y si son positivos, se hace una prueba de RNA viral para confirmar si el virus aún está presente.

Pruebas y diagnóstico: ¿Qué buscan los médicos?

Diagnosticar la hepatitis B no es solo decir "sí" o "no". Se necesita un panel de pruebas:

  • HBsAg (antígeno de superficie): Si es positivo, la persona tiene hepatitis B activa.
  • Anti-HBc (anticuerpo contra el núcleo): Indica que la persona ha estado expuesta al virus en algún momento.
  • Anti-HBs (anticuerpo contra el antígeno de superficie): Si está presente, significa inmunidad, ya sea por vacunación o por haberse recuperado de una infección pasada.
  • HBeAg y HBV DNA: Estas pruebas miden la actividad viral y ayudan a decidir si se necesita tratamiento.

Para la hepatitis C, el proceso es más directo:

  • Anti-HCV: Detecta anticuerpos. Si es positivo, la persona ha estado expuesta.
  • HCV RNA: Confirma si el virus aún está en la sangre. Si es detectable, hay infección activa.

Una nueva herramienta que ha llegado en 2025 es el test de HBcrAg (antígeno relacionado con el núcleo del virus B), que ayuda a predecir la respuesta al tratamiento y el riesgo de cáncer de hígado. Aunque aún no está disponible en todos los países, está cambiando cómo se monitorea la enfermedad.

Dos manos se acercan: una con una prueba de sangre positiva, la otra con una jeringa descartada.

Tratamiento: ¿Qué hay disponible hoy?

La hepatitis C ya no es una sentencia de muerte. Desde 2013, con la llegada de los antivirales de acción directa (AAD), se ha vuelto curable en más del 95% de los casos. Medicamentos como Epclusa (sofosbuvir/velpatasvir) y Mavyret (glecaprevir/pibrentasvir) se toman durante solo 8 a 12 semanas, con efectos secundarios mínimos. Antes, el tratamiento duraba hasta dos años y causaba efectos secundarios graves como fatiga extrema, depresión y pérdida de cabello.

En 2026, el desafío no es la eficacia, sino el acceso. Aunque los medicamentos genéricos cuestan menos de $300 en países de bajos ingresos, en EE.UU. aún pueden costar entre $24,000 y $30,000. Esto explica por qué solo el 21% de las personas con hepatitis C recibieron tratamiento en 2020, pese a que se puede curar.

La hepatitis B es más complicada. No hay cura, pero sí tratamientos que controlan el virus y previenen daños hepáticos. Los medicamentos más usados hoy son el tenofovir alafenamida (TAF) y el entecavir. Ambos son pastillas diarias, con pocos efectos secundarios y una barrera muy alta para la resistencia viral. Pero el problema es que la mayoría de las personas deben tomarlas de por vida. El costo anual en EE.UU. puede llegar a $12,000.

Hay esperanza. En 2025, varios fármacos en fase 3 de ensayos clínicos están prometiendo una posible cura funcional. Incluyen terapias con ARN interferente (siRNA) como JNJ-3989 y moduladores de la cápsida viral. Estos fármacos buscan eliminar el antígeno de superficie (HBsAg), el marcador clave de la infección crónica. Si se logra, la persona deja de ser contagiosa y su riesgo de cáncer de hígado baja drásticamente.

Prevención y vacunación: Lo que funciona y lo que no

La vacuna contra la hepatitis B es una de las más efectivas de la historia. Desde 1982, se ha usado en más de 180 países. Protege al menos 20 años, y probablemente de por vida. La OMS recomienda que todos los recién nacidos reciban la primera dosis dentro de las 24 horas de nacer, especialmente en países con alta prevalencia. Pero en EE.UU., solo el 66.5% de los adultos han completado la serie de tres dosis. La cobertura en adolescentes es mucho mejor, pero los adultos mayores siguen sin protegerse.

La hepatitis C no tiene vacuna. Por eso, la prevención depende de reducir el riesgo de exposición. Programas de intercambio de jeringas, educación en comunidades de riesgo y pruebas masivas han demostrado resultados. Egipto, por ejemplo, redujo su prevalencia de hepatitis C del 14.7% en 2008 al 0.9% en 2021 gracias a campañas nacionales de tamizaje y tratamiento masivo.

Un grupo diverso espera su prueba gratuita de hepatitis B y C bajo una pantalla digital.

¿Por qué aún hay tantos casos sin diagnosticar?

La mayor barrera no es la ciencia. Es la falta de acceso, el estigma y la ignorancia. Muchas personas piensan que la hepatitis solo afecta a quienes usan drogas o tienen múltiples parejas. Pero millones de personas con hepatitis B o C son trabajadores, padres, abuelos, que nunca se imaginaron en riesgo. En EE.UU., el 44% de las personas con hepatitis C no saben que la tienen. En África y Asia, la mayoría de los casos no se detectan porque no hay pruebas disponibles.

Los sistemas de salud también fallan. Un médico puede no pensar en hacer la prueba a un paciente de 50 años sin síntomas. Un hospital puede no tener el kit de pruebas. Una persona sin seguro puede no poder pagar el análisis. La solución no es más medicamentos. Es más pruebas, más educación y más políticas que hagan que el diagnóstico sea automático, no opcional.

¿Qué se espera para el futuro?

En 2030, la OMS quiere reducir las infecciones nuevas en un 90% y las muertes por hepatitis en un 65%. Para lograrlo, se necesitan tres cosas:

  1. Universalizar la vacunación contra la hepatitis B en todos los recién nacidos.
  2. Hacer una prueba de hepatitis C en todos los adultos mayores de 18 años.
  3. Tratar al 90% de quienes tienen hepatitis C y al 80% de quienes necesitan tratamiento para hepatitis B.

Los avances en medicamentos son impresionantes. Pero sin acción política, sin financiamiento, sin eliminar el estigma, los medicamentos más eficaces no servirán de nada. La historia de Egipto demuestra que es posible. La historia de los países que han eliminado la hepatitis C como problema de salud pública demuestra que no es un sueño. Es un objetivo alcanzable.

¿Puedo contagiarme de hepatitis B si comparto un vaso con alguien infectado?

No. La hepatitis B no se transmite por compartir alimentos, bebidas, cubiertos, vasos o por besos. El virus se encuentra en sangre y fluidos corporales como semen y fluidos vaginales, pero no en saliva en cantidades suficientes para causar infección. El riesgo real está en compartir objetos que puedan tener sangre, como cuchillas, cepillos de dientes o jeringas.

¿Es cierto que la hepatitis C se puede curar completamente?

Sí. Con los antivirales de acción directa (AAD), más del 95% de las personas con hepatitis C pueden curarse completamente. Esto significa que el virus deja de detectarse en la sangre 12 semanas después de terminar el tratamiento. A esto se le llama respuesta virológica sostenida (SVR). Una vez lograda, el riesgo de cirrosis o cáncer de hígado baja drásticamente, y la persona ya no puede transmitir el virus.

¿Por qué no hay vacuna contra la hepatitis C?

El virus de la hepatitis C muta muy rápido, lo que hace difícil desarrollar una vacuna efectiva. A diferencia de la hepatitis B, que tiene una estructura estable, el virus C tiene múltiples genotipos y subtipos que cambian constantemente. Aunque hay investigaciones en curso, ninguna vacuna ha demostrado suficiente eficacia en ensayos clínicos para ser aprobada. Por eso, la prevención se basa en evitar el contacto con sangre infectada.

¿Qué pasa si tengo hepatitis B y me vacuno contra la hepatitis C?

No existe vacuna contra la hepatitis C, así que no puedes vacunarte contra ella. La vacuna contra la hepatitis B solo protege contra ese virus. Tener hepatitis B no te hace más resistente a la hepatitis C. De hecho, si tienes ambas infecciones al mismo tiempo, el riesgo de daño hepático grave aumenta. Por eso, si tienes hepatitis B, es importante evitar riesgos de exposición a la hepatitis C, como el uso de drogas inyectables o transfusiones no seguras.

¿Cuánto tiempo tarda en aparecer el daño hepático por hepatitis B o C?

Puede tardar años, incluso décadas. Muchas personas con hepatitis B o C no tienen síntomas durante 20 o 30 años. El daño se acumula lentamente: primero fibrosis, luego cirrosis, y finalmente cáncer de hígado. Por eso, detectar la infección temprano es clave. Si se trata a tiempo, el daño puede detenerse o revertirse. Si no se trata, el riesgo de complicaciones graves aumenta con cada año que pasa.

¿Puedo tener hepatitis B y no saberlo?

Sí, y es muy común. Hasta el 30% de las personas con hepatitis B crónica no saben que la tienen, especialmente si no tienen síntomas. Muchas personas se enteran solo cuando se hacen un análisis de sangre por otra razón, o cuando un familiar es diagnosticado. Por eso, la OMS recomienda que todos los adultos se hagan la prueba al menos una vez en la vida.

Comentarios (14)

  1. Wilson Siva
    Wilson Siva

    Me encanta este post, es como un manual de vida real. Mucha gente piensa que la hepatitis es algo de otros, pero no, puede ser de cualquiera. Yo me hice la prueba por casualidad y me salió positivo en B, sin síntomas, sin nada. Hoy llevo 5 años controlado con TAF y vivo como si nada. No te asustes, pero sí actúa.
    La vacuna es gratis en muchos centros de salud, no lo dejes para mañana.
    ¡Vamos, que se puede!
    Y sí, compartir vaso no te infecta, no seas paranoico.

  2. Gary Gomez
    Gary Gomez

    Alguien ha notado que esto lo están empujando las farmacéuticas? 95% de curación con AAD? Suena demasiado bonito. Y ahora que aparece esta nueva prueba de HBcrAg... ¿no será un truco para vender más kits? Me pregunto si no hay una agenda detrás. ¿Y si la cura no es tan cura? ¿Y si el virus se esconde en otro sitio? La ciencia oficial siempre miente cuando hay dinero de por medio.

  3. Joan Verhulst
    Joan Verhulst

    Lo que más me conmueve no es la ciencia, sino la humanidad que hay detrás. Millones de personas viven con esto en silencio porque el miedo es más grande que el conocimiento. Yo tuve una tía que murió de cirrosis y nadie supo que tenía hepatitis C hasta después. No fue por negligencia, fue por ignorancia. Y esa ignorancia es lo que hay que derribar, no solo con pruebas, sino con conversaciones. Con abrazos. Con decir: ‘yo también lo tengo, y no soy un caso perdido’
    La medicina avanza, pero la empatía no puede quedar atrás.

  4. Karen Simondet
    Karen Simondet

    Claro, claro, la vacuna es milagrosa, los medicamentos son baratos en países pobres, y en EE.UU. son caros porque... los ricos son malos. ¿Y qué pasa en los hospitales públicos de aquí? Que te hacen esperar 6 meses para una prueba y luego te dicen que no tienes seguro. Genial. Así es como se mueren las personas sin nombre. No es un problema de salud, es un problema de sistema. Y nadie quiere hablar de eso.
    Porque es más fácil decir ‘hazte la prueba’ que ‘cambia el sistema’.

  5. Francisco Javier Menayo Gómez
    Francisco Javier Menayo Gómez

    Con respecto a la transmisión de la hepatitis B por vía perinatal, es fundamental destacar que la administración de la inmunoglobulina y la vacuna dentro de las 12 horas posteriores al nacimiento reduce el riesgo de infección crónica en más del 90%. Sin embargo, en muchas regiones rurales de España, el acceso a este protocolo sigue siendo desigual. Es imperativo que las políticas sanitarias locales prioricen la formación de personal obstétrico y la logística de suministro de biológicos. La equidad en salud no es un ideal, es un derecho humano.

  6. África Barragán Quesada
    África Barragán Quesada

    Yo me hice la prueba por accidente. Me hicieron un análisis de sangre por un resfriado y me salió positivo. No tenía ni idea. Ahora tomo pastillas y vivo tranquila. Lo que más me duele es que mi madre, de 68 años, nunca se hizo la prueba. Dice que ‘no tiene síntomas, así que no hay problema’. ¿Cómo se le dice a alguien que está viviendo con una bomba de tiempo sin saberlo?

  7. Sheila Ruiz
    Sheila Ruiz

    la hepatitis c se cura pero la b no... osea que si tienes b ya no te puedes curar pero si tienes c si? eso es raro no? y encima la vacuna es de hace 40 años y nadie se la pone. en serio? nadie se la pone?

  8. Yessenia Quiros Montoya
    Yessenia Quiros Montoya

    ¿Y si todo esto es un engaño? ¿Y si la hepatitis B y C no son lo que dicen? ¿Y si el virus no existe y solo es un invento para vender pruebas y medicamentos? Mira lo que pasó con el COVID. Ahora nos dicen que hay una ‘epidemia silenciosa’... pero nadie ha visto un virus real, solo gráficos y pruebas. Yo sé de alguien que se curó con té de cúrcuma y limón. ¿Por qué no se habla de eso?

  9. Marvin Ameth Barrios Becerra
    Marvin Ameth Barrios Becerra

    ¡Qué tragedia nacional! ¡Qué desastre sanitario! ¡Cómo es posible que en pleno siglo XXI, en un mundo donde tenemos tecnología para mandar robots a Marte, aún haya personas que no sepan si tienen hepatitis C! ¡Es una vergüenza! ¡Una indignidad! ¡El sistema de salud está colapsado por la indiferencia política! ¡Necesitamos una revolución sanitaria, no más pruebas, sino justicia! ¡Y no me vengan con que ‘es caro’! ¡El costo de no hacerlo es la vida de millones! ¡Esto no es medicina, es crimen!

  10. Valentina Capra
    Valentina Capra

    Me encantó que mencionaran el HBcrAg, porque es un avance enorme, pero casi nadie lo conoce. Yo trabajo en un laboratorio y lo uso todos los días, pero cuando hablo con pacientes, la mayoría no entiende qué significa. Me gustaría que más gente supiera que este marcador puede predecir si alguien va a desarrollar cáncer de hígado, incluso antes de que se forme fibrosis. Es como tener un radar para el daño hepático. Y lo más loco: en algunos estudios, cuando el HBcrAg desaparece, incluso en personas con B crónica, el riesgo de cáncer baja hasta niveles de la población general. Eso es revolucionario. Pero nadie lo dice. Solo los especialistas lo saben. Y eso es parte del problema.

  11. Hernán Rivas
    Hernán Rivas

    Lo que pasa es que la gente no quiere saber. Prefiere vivir en la ignorancia. Yo conozco a un tipo que tiene hepatitis B desde los 20 y nunca se trató. Dice que ‘no quiere vivir pegado a pastillas’. Pero si se tratara, podría vivir 80 años sin problemas. En vez de eso, va a morir de cirrosis a los 50. Y luego se queja de que ‘la vida es injusta’. No, hermano, la vida no es injusta, tú decidiste no cuidarte. No es culpa de nadie más.

  12. Patricia C Perez
    Patricia C Perez

    Interesante que digas que la hepatitis C se cura, pero nadie habla de lo que pasa después. ¿Y si el hígado ya está dañado? ¿Y si ya tienes fibrosis? ¿La cura también arregla el daño? Porque yo vi a una amiga que se curó, pero sigue con hígado graso, y ahora le dicen que tiene ‘síndrome metabólico hepático’. Entonces... ¿curarse no es suficiente? ¿O es que nos venden la cura como si fuera un reset completo?

  13. Javier Martínez Misol
    Javier Martínez Misol

    La verdad, esto me hizo reflexionar. Yo pensaba que la hepatitis era algo del pasado, pero no. Es un problema moderno, silencioso, invisibilizado. Y lo más triste es que no es un problema técnico, es un problema de cultura. Nos criaron para ignorar lo que no duele. Si no tienes síntomas, no hay problema. Pero el hígado no grita hasta que ya es demasiado tarde. Me voy a hacer la prueba esta semana. No por miedo, sino por respeto. Porque mi cuerpo merece saber qué hay dentro.

  14. Regina Pineda Baltazar
    Regina Pineda Baltazar

    Gracias por compartir esta información con tanta claridad. Me conmovió especialmente lo de los recién nacidos. Mi hija nació en un hospital pequeño y no le dieron la vacuna hasta los 3 días. Me dijeron que ‘no era urgente’. Ahora sé que fue un error. Hoy estoy hablando con todos mis amigos y familiares para que se hagan la prueba. No porque tenga miedo, sino porque no quiero que nadie más pase por lo que viví. La prevención no es opcional. Es amor. ❤️

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